Cuando era niña no estaba segura por qué mi mama quería abandonar nuestro pueblito en el campo. Por meses ella describía este pueblo en los Estados Unidos donde vivían mi tíos y sus niños. Con mucha ilusión mi mamá me describía este pueblo diciendo, “Ese pueblo es increíble. Hay montañas grandes y siempre hay sol.”
Mi madre me decía que allí mis primos asistían a una escuela donde comían almuerzos deliciosos y jugaban en grandes toboganes. Pensaba en estas cosas y le dije:
“¡Pero mamá, hay cosas así aquí en Mascota! A me encanta mucho Chile.”
Ella respondió,
“Sí hijita es verdad. Mascota es mi pueblo natal y la quiero mucho. Pero allí, tu tía y tus primos tienen cosas que no podemos tener aquí en un pueblito del campo.
Le respondí,
“No entiendo lo que estás diciendo, Mamá.”
Ella suspiró y me respondió,
“Los estadounidenses disfrutan de la libertad, y las oportunidades de educación. Allí, puedo encontrar trabajo y superarme en la vida... No hay trabajos para mujeres aquí en este lugar. Un día, entenderás por qué los Estados Unidos es mucho mejor.”
La próxima semana nos mudamos a este pueblo increíble que se llamaba “Denver”. No tenía idea de lo que estaba pasando durante este tiempo. Mamá recibió dinero de su hermana en EE.UU. y nos ayudó a abrir la puerta a una nueva vida. Yo era una niña de sólo once años y la única cosa que conocía en el mundo era Chile. Ahora tengo veinticinco años y cuando pienso en mi niñez recuerdo que estaba triste porque salimos de Chile. Al mismo tiempo, estaba curiosa para ver este nuevo pueblo. Tenía muchas ganas de aprender inglés también.
Cuando llegué a este pueblo descubrí que “Denver” no era pueblo, era cuidad. Nunca había estado en una cuidad y ni había visto coches grandes y supermercados con comida tan rica. La cultura me sorprendió y la cuidad era como un sueño fantástico porque todo era nuevo.
Al principio todo era bueno hasta que el día llegó cuando tenía que asistir a clase. Estaba súper emocionada por mi primer día en North Middle School. Me levanté temprano y mi mama me trenzó el pelo como todas las chicas llevaban el pelo en Chile. Todo era perfecto…hasta que entré en la clase. Llevaba una falda que mi madre me tejió de colores brillantes. No me olvidaré jamás de ese primer día en el North Middle School porque fue un desastre. Al entrar en clase, los alumnos me miraron fijamente y podía oír los susurros. Nadie era amable ni trataba de conocerme.
A la mitad de la clase, la maestra me llamó para llenar las tablas de multiplicación. Me puse colorada porque no había entendido nada. Me alcé los hombros y respondí, “Perdón Señora, I do not know what is this you say.” No podía hablar con fluidez. Solo sabía lo que aprendí de mi tía como frases claves. Me dije a mi misma, “¡Ayyyy! ¡Respondí en español e inglés! ¡Que vergüenza tengo!” Todo el mundo se rió En este momento me di cuenta que era inmigrante, y era diferente. Era inmigrante porque no sabía inglés y no llevaba ropa del mismo estilo de las otras niñas.
Después del primer día, tenía muchos problemas de comprensión en clase. Estaba atrasada en matemáticas, en geografía, en todo y me sentía útil en clase. Afuera de clase, traté de conocer a las amigas sin éxito porque no podía hablar con fluidez. Me sentía muy frustrada en mi nueva vida. Siempre tenía vergüenza en la escuela hasta que llegó el día del festival otoño. El festival otoño era una espectáculo del talento de los estudiantes. Decidí entrar en este espectáculo porque quería demostrar a mis compañeros de clase la cultura chilena. Antes del festival practicaba mucho un baile tradicional de Chile que se llama “La cueca.”
Por fin el día del festival llegó y fui al tablado. Bailé la cueca una vez con todo mi corazón. La multitud me aclamó después de mi baile y me aceptó como una estudiante como los demás. Después del festival les enseñé el bailar a las otras chicas de mi clase. Gozaron mucho el baile tradicional y tenían más respeto por mi cultura. Mi mamá les trenzó el pelo como las chilenas del campo. Aprendí una lección importante: se debe siempre tener confianza en su cultura y en si misma.
Por años tuve que soportar privaciones de ser inmigrante. Finalmente, después de muchos años de lucha me siento parte de la sociedad de EE.UU. Todavía pienso en el primer año en Colorado y nunca me olvidaré de las memorias de mi niñez. Hoy, disfruto de la cultura y la libertad. Yo siento aprecio por mi familia y por el sacrificio que hicieron. Como mis tíos hicieron para mí durante mi niñez, hoy trabajo para enviar dinero a mi familia que queda en Chile. Más importante tengo orgullo pot el desafío que superé como inmigrante en los Estados Unidos.
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2 comments:
Megan, me gusta el tema y también que escribiste un cuento de un perspectivo inmigrante. Ese tema me interesa mucho también y no solo los inmigrantes latinos en los EEUU. ¿Sabes personalmente los desafíos de los inmigrantes? ¿Has ido de extranjero?
Tu cuento incorpora bien varios aspectos de ser inmigrante. La parte que la chica entró el aula vestido de ropa diferente era mi favorito. Durante este edad, o bien un inmigrante o bien no, los compañeros de clase pueden ser horribles. ¡Bien escrito!
¡Wow! Esta historia es muy buena. Es muy interesante y practicable para leer. Es fácil para relacionar a la niña. Buen trabajo con las citas también. Todos tienen transiciones claros. Me gusta su historia.
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