Reseña critica: “Los inmigrantes del cayuco naufragado llevaban entre ocho y diez días en el mar.” El país. 20/7/2007
El artículo titulado, “Los inmigrantes del cayuco naufragado llevaban entre ocho y diez días en el mar,” del periódico El país, informa a los lectores que hay un gran problema de inmigración en España. España afronta el problema porque es la puerta de toda Europa para los inmigrantes. Llegan cada día en cayucos y barcos de madera o plástico a las Islas Canarias. Muchísimos llegan desde Marruecos y del norte de África donde hay países pobres. Entre otras cosas, arriesgan sus vidas y se enferman. La policía y la Guardia Civil no se fijan en los cayucos hasta su llegada a la costa. Por eso, la policía y los voluntarios tienen que ayudar a los enfermos.
Este artículo describe un evento terrible en el mediterráneo en julio, 2007 donde un cayuco había volcado con cien inmigrantes de Guinea Bissau, África. Los inmigrantes llevaban entre ocho y diez días en el mar tratando de alcanzar la costa de España. Aunque había cien personas embarcadas en el cayuco, solo rescataron a 48 supervivientes. Los rescatadores españoles encontraron a tres muertos. Todavía había 50 inmigrantes que desaparecieron en el mar. A pesar de las condiciones malas del mar y del hecho que había menos posibilidad de encontrar a los demás, el operativo continuó durante la semana.
Este artículo ilustra un gran problema que España tiene. Es interesante que el artículo dice que fue, “la mayor tragedia de la inmigración en España de la que se tiene noticia.” Si fuera la mayor tragedia, ese titular debería haber llamado la atención de todos. Sin embargo el título no destaca la importancia del evento. Además el artículo es breve y no da muchos detalles del naufragio. Por ejemplo, no informa de las edades de los supervivientes o condiciones detalladas de los rescatados. Pienso que este artículo no describe completamente las circunstancias. Por ejemplo dice, “Todos ellos parecen encontrarse en buen estado de salud.” Si hubiera un cayuco en el mar por ocho o diez días, se habría encontrado más enfermos porque las condiciones probablemente estaban malas. En fin, viajar en un cayuco es muy peligroso y todo es peor que el artículo dice.
Es una lástima que muchos se murieran durante el viaje, pero un evento así es normal para los españoles. Están acostumbrados a leer sobre inmigrantes. Con respecto a los medios de prensa, ellos escogen lo que es digno de informar al público. También los medios de prensa desensibilizan a la gente. Puesto que siempre hay noticias similares los lectores no prestan atención en muchos casos. Si los medios de prensa fueran más serios, los lectores prestarían más atención. En particular, no incluye imágenes conmovedoras que podrían movilizar un país o un gobierno.
La inmigración ilegal en España es un asunto espantoso. En este caso hay más de una sola tragedia. De hecho la otra tragedia es de las reacciones de los medios de prensa. Es cierto que la inmigración es un asunto político, pero a su vez los medios de prensa son una herramienta muy clave en el mundo político. Pienso que no solo es la culpa del gobierno de España pero del gobierno del países de donde salen los emigrantes. Estos países están demostrando una incapacidad para dar oportunidades a sus ciudadanos. Al mismo tiempo el artículo no ofrece soluciones de ayuda. Es probable que los naufragios trágicos vayan a continuar. Habrá cambios sobre inmigración cuando los individuos tomen acciones efectivas. Lo importante es que las noticias influyan a muchas personas. En efecto, si la noticia llamara la atención del público, empezarían a cambiar asuntos graves como la inmigración ilegal.
Saturday, October 27, 2007
Sunday, October 14, 2007
“Mi niñez como inmigrante”
Cuando era niña no estaba segura por qué mi mama quería abandonar nuestro pueblito en el campo. Por meses ella describía este pueblo en los Estados Unidos donde vivían mi tíos y sus niños. Con mucha ilusión mi mamá me describía este pueblo diciendo, “Ese pueblo es increíble. Hay montañas grandes y siempre hay sol.”
Mi madre me decía que allí mis primos asistían a una escuela donde comían almuerzos deliciosos y jugaban en grandes toboganes. Pensaba en estas cosas y le dije:
“¡Pero mamá, hay cosas así aquí en Mascota! A me encanta mucho Chile.”
Ella respondió,
“Sí hijita es verdad. Mascota es mi pueblo natal y la quiero mucho. Pero allí, tu tía y tus primos tienen cosas que no podemos tener aquí en un pueblito del campo.
Le respondí,
“No entiendo lo que estás diciendo, Mamá.”
Ella suspiró y me respondió,
“Los estadounidenses disfrutan de la libertad, y las oportunidades de educación. Allí, puedo encontrar trabajo y superarme en la vida... No hay trabajos para mujeres aquí en este lugar. Un día, entenderás por qué los Estados Unidos es mucho mejor.”
La próxima semana nos mudamos a este pueblo increíble que se llamaba “Denver”. No tenía idea de lo que estaba pasando durante este tiempo. Mamá recibió dinero de su hermana en EE.UU. y nos ayudó a abrir la puerta a una nueva vida. Yo era una niña de sólo once años y la única cosa que conocía en el mundo era Chile. Ahora tengo veinticinco años y cuando pienso en mi niñez recuerdo que estaba triste porque salimos de Chile. Al mismo tiempo, estaba curiosa para ver este nuevo pueblo. Tenía muchas ganas de aprender inglés también.
Cuando llegué a este pueblo descubrí que “Denver” no era pueblo, era cuidad. Nunca había estado en una cuidad y ni había visto coches grandes y supermercados con comida tan rica. La cultura me sorprendió y la cuidad era como un sueño fantástico porque todo era nuevo.
Al principio todo era bueno hasta que el día llegó cuando tenía que asistir a clase. Estaba súper emocionada por mi primer día en North Middle School. Me levanté temprano y mi mama me trenzó el pelo como todas las chicas llevaban el pelo en Chile. Todo era perfecto…hasta que entré en la clase. Llevaba una falda que mi madre me tejió de colores brillantes. No me olvidaré jamás de ese primer día en el North Middle School porque fue un desastre. Al entrar en clase, los alumnos me miraron fijamente y podía oír los susurros. Nadie era amable ni trataba de conocerme.
A la mitad de la clase, la maestra me llamó para llenar las tablas de multiplicación. Me puse colorada porque no había entendido nada. Me alcé los hombros y respondí, “Perdón Señora, I do not know what is this you say.” No podía hablar con fluidez. Solo sabía lo que aprendí de mi tía como frases claves. Me dije a mi misma, “¡Ayyyy! ¡Respondí en español e inglés! ¡Que vergüenza tengo!” Todo el mundo se rió En este momento me di cuenta que era inmigrante, y era diferente. Era inmigrante porque no sabía inglés y no llevaba ropa del mismo estilo de las otras niñas.
Después del primer día, tenía muchos problemas de comprensión en clase. Estaba atrasada en matemáticas, en geografía, en todo y me sentía útil en clase. Afuera de clase, traté de conocer a las amigas sin éxito porque no podía hablar con fluidez. Me sentía muy frustrada en mi nueva vida. Siempre tenía vergüenza en la escuela hasta que llegó el día del festival otoño. El festival otoño era una espectáculo del talento de los estudiantes. Decidí entrar en este espectáculo porque quería demostrar a mis compañeros de clase la cultura chilena. Antes del festival practicaba mucho un baile tradicional de Chile que se llama “La cueca.”
Por fin el día del festival llegó y fui al tablado. Bailé la cueca una vez con todo mi corazón. La multitud me aclamó después de mi baile y me aceptó como una estudiante como los demás. Después del festival les enseñé el bailar a las otras chicas de mi clase. Gozaron mucho el baile tradicional y tenían más respeto por mi cultura. Mi mamá les trenzó el pelo como las chilenas del campo. Aprendí una lección importante: se debe siempre tener confianza en su cultura y en si misma.
Por años tuve que soportar privaciones de ser inmigrante. Finalmente, después de muchos años de lucha me siento parte de la sociedad de EE.UU. Todavía pienso en el primer año en Colorado y nunca me olvidaré de las memorias de mi niñez. Hoy, disfruto de la cultura y la libertad. Yo siento aprecio por mi familia y por el sacrificio que hicieron. Como mis tíos hicieron para mí durante mi niñez, hoy trabajo para enviar dinero a mi familia que queda en Chile. Más importante tengo orgullo pot el desafío que superé como inmigrante en los Estados Unidos.
Mi madre me decía que allí mis primos asistían a una escuela donde comían almuerzos deliciosos y jugaban en grandes toboganes. Pensaba en estas cosas y le dije:
“¡Pero mamá, hay cosas así aquí en Mascota! A me encanta mucho Chile.”
Ella respondió,
“Sí hijita es verdad. Mascota es mi pueblo natal y la quiero mucho. Pero allí, tu tía y tus primos tienen cosas que no podemos tener aquí en un pueblito del campo.
Le respondí,
“No entiendo lo que estás diciendo, Mamá.”
Ella suspiró y me respondió,
“Los estadounidenses disfrutan de la libertad, y las oportunidades de educación. Allí, puedo encontrar trabajo y superarme en la vida... No hay trabajos para mujeres aquí en este lugar. Un día, entenderás por qué los Estados Unidos es mucho mejor.”
La próxima semana nos mudamos a este pueblo increíble que se llamaba “Denver”. No tenía idea de lo que estaba pasando durante este tiempo. Mamá recibió dinero de su hermana en EE.UU. y nos ayudó a abrir la puerta a una nueva vida. Yo era una niña de sólo once años y la única cosa que conocía en el mundo era Chile. Ahora tengo veinticinco años y cuando pienso en mi niñez recuerdo que estaba triste porque salimos de Chile. Al mismo tiempo, estaba curiosa para ver este nuevo pueblo. Tenía muchas ganas de aprender inglés también.
Cuando llegué a este pueblo descubrí que “Denver” no era pueblo, era cuidad. Nunca había estado en una cuidad y ni había visto coches grandes y supermercados con comida tan rica. La cultura me sorprendió y la cuidad era como un sueño fantástico porque todo era nuevo.
Al principio todo era bueno hasta que el día llegó cuando tenía que asistir a clase. Estaba súper emocionada por mi primer día en North Middle School. Me levanté temprano y mi mama me trenzó el pelo como todas las chicas llevaban el pelo en Chile. Todo era perfecto…hasta que entré en la clase. Llevaba una falda que mi madre me tejió de colores brillantes. No me olvidaré jamás de ese primer día en el North Middle School porque fue un desastre. Al entrar en clase, los alumnos me miraron fijamente y podía oír los susurros. Nadie era amable ni trataba de conocerme.
A la mitad de la clase, la maestra me llamó para llenar las tablas de multiplicación. Me puse colorada porque no había entendido nada. Me alcé los hombros y respondí, “Perdón Señora, I do not know what is this you say.” No podía hablar con fluidez. Solo sabía lo que aprendí de mi tía como frases claves. Me dije a mi misma, “¡Ayyyy! ¡Respondí en español e inglés! ¡Que vergüenza tengo!” Todo el mundo se rió En este momento me di cuenta que era inmigrante, y era diferente. Era inmigrante porque no sabía inglés y no llevaba ropa del mismo estilo de las otras niñas.
Después del primer día, tenía muchos problemas de comprensión en clase. Estaba atrasada en matemáticas, en geografía, en todo y me sentía útil en clase. Afuera de clase, traté de conocer a las amigas sin éxito porque no podía hablar con fluidez. Me sentía muy frustrada en mi nueva vida. Siempre tenía vergüenza en la escuela hasta que llegó el día del festival otoño. El festival otoño era una espectáculo del talento de los estudiantes. Decidí entrar en este espectáculo porque quería demostrar a mis compañeros de clase la cultura chilena. Antes del festival practicaba mucho un baile tradicional de Chile que se llama “La cueca.”
Por fin el día del festival llegó y fui al tablado. Bailé la cueca una vez con todo mi corazón. La multitud me aclamó después de mi baile y me aceptó como una estudiante como los demás. Después del festival les enseñé el bailar a las otras chicas de mi clase. Gozaron mucho el baile tradicional y tenían más respeto por mi cultura. Mi mamá les trenzó el pelo como las chilenas del campo. Aprendí una lección importante: se debe siempre tener confianza en su cultura y en si misma.
Por años tuve que soportar privaciones de ser inmigrante. Finalmente, después de muchos años de lucha me siento parte de la sociedad de EE.UU. Todavía pienso en el primer año en Colorado y nunca me olvidaré de las memorias de mi niñez. Hoy, disfruto de la cultura y la libertad. Yo siento aprecio por mi familia y por el sacrificio que hicieron. Como mis tíos hicieron para mí durante mi niñez, hoy trabajo para enviar dinero a mi familia que queda en Chile. Más importante tengo orgullo pot el desafío que superé como inmigrante en los Estados Unidos.
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